
Una mujer se da cuenta que morir varias veces es mejor que afrontar los peligros de la vida. Así, como una particular forma de esquivar los miedos y las tragedias a la que nos exponemos todos, ella se percata que tiene el don de jugar con la muerte a su antojo, sabiendo que, luego de cada fallecimiento, tiene la posibilidad de revivir una y otra vez de forma sucesiva.

